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martes, 23 de febrero de 2010




El secreto de la voz


FOTO: Bocas cerradas. Acuarelascardesin.blogspot.com


Conmoción. Así es como salí el sábado del cine, conmocionada. La causa, El secreto de sus ojos. Por alguna razón, quizá el título me parecía algo meloso, yo ni siquiera la había considerado. Pero M. A. insistía en que valía la pena y no dudó en acompañarme a verla, él por segunda vez, lo que teniendo en cuenta los precios que se gasta el cine no dejaba de ser una buenísima señal. Apenas pestañeé el tiempo que duró la película. Drama, humor, intriga. Soledad, amor, justicia. ¡¿Justicia?¡ La peor forma de justicia que puede infligírsele a un ser humano, ¿cuál sería? ¿Cárcel, pena de muerte, trabajos forzados…? ¿Tal vez el silencio? No, no su silencio, sino el de los otros, el de su carcelero, la única persona que en este caso, juez y parte a la vez, podía suavizar su condena. Veinte años de silencio absoluto. Ni una sola palabra. Veinte años sin oír una voz. Veinte años de nada. "¿Cómo se pueden vivir veinte años de nada?", le pregunta Ricardo Darín a Soledad Villamil sin saber que pocos fotogramas después se encontrará de cara con la nada suprema, la del silencio, el castigo para el culpable, y tendrá que enfrentarse a sí mismo y a la disyuntiva de rebajar o no la condena al culpable simplemente pronunciando para él una palabra. "Dime algo" le pide el condenado. Pero no. Silencio. Nada. Dos décadas de nada en una secuencia de apenas un minuto que te devuelve a la calle sin aire, conmocionado, sin palabras.


lunes, 18 de mayo de 2009




BENEDETTI, EN EL LADO OSCURO DEL CORAZÓN

La primera y única vez que pude ver y oír al poeta en directo fue hace cinco años, en el Círculo de Bellas Artes, entrevistado por Concha García Campoy. Me encontré entonces con un chaval de solo ochenta y tres años. Y digo solo porque, a pesar del empeño de la entrevistadora en subrayar lo avanzado de la edad del autor y la cercanía inevitable de su muerte, Benedetti, con la habilidad para el regate de los que a la plena juventud suman también la plena lucidez que otorga la experiencia, supo culebrear entre las insistentes, innecesarias y groseras insinuaciones de la señora Campoy, que, incapaz de colocarse a la altura literaria, humana y periodística que el personaje exigía, desaprovechó una ocasión de oro para acercarse y acercarnos a todos un poquito más al autor.

Nos quedamos aquel día con ganas de mucho más. Pero yo, sobre todo, me quedé con la rebeldía del poeta que, cuando ya no pudo más y sin que se le moviera un pelo, acabó advirtiéndole a su entrevistadora que no tenía ninguna intención de morirse tan pronto, o algo parecido, que no recuerdo las palabras exactas, pero sí el hartazgo que traslucían a pesar de la diplomacia con que fueron expresadas.

Hoy, tras su muerte, me quedo con uno de sus poemas en la voz del actor Darío Grandinetti, Oliverio en la película El lado oscuro del corazón, el sueño de una realidad, del director Eliseo Subiela.


Video de Youtube

jueves, 26 de marzo de 2009




EL VIAJE A LA LUNA, de GEORGES MÈLIÉS





“Georges Mèliés, creador del espectáculo cinematográfico”, se lee en su lápida del cementerio de Pére Lachaise en París.

Mèliés solo pretendía entretener al público, pero sus aportaciones, tanto técnicas como estéticas, ampliaron las posibilidades del cinematógrafo patentado por los hermanos Lumiére, más allá de la mera reproducción de imágenes reales en movimiento.

Georges Mèliés incorporó a sus metrajes muchos de los recursos de la magia y el teatro, que tan bien conocía y que tantas posibilidades ofrecían en lo que a creación de efectos especiales se refiere: desapariciones, transformaciones, simulaciones, etc. Otras veces, fue el azar quien intervino en el descubrimiento de nuevos trucos efectistas, como cuando estando grabando en la Plaza de la Ópera de París, la cámara se detuvo durante un minuto, mientras la vida en la plaza y su movimiento continuaban. “El truco de la substitución había sido descubierto”, diría el director después, al visionar lo grabado y descubrir que gracias a esa pausa fortuita “un ómnibus se convertía en un coche fúnebre y los hombres se convertían en mujeres”.

Pero la aportación de Mèliés al cine no queda solo en el aspecto técnico (travellings, fundidos, simulaciones…). Si bien no hay un verdadero interés argumental en sus historias, sí existe una voluntad estética, el deseo de crear imágenes poéticas. Más allá del trabajo de documentalismo, de filmación de la realidad que suponían las películas de los Lumiére, George Mèliés llevó a las suyas el universo de la fantasía, de la ficción, de la irrealidad, de la irracionalidad anticipándose a las propuestas que formularían los surrealistas veinte años más tarde. El ilusionismo y la teatralidad fueron para él herramientas clave para el desarrollo de un lenguaje en imágenes expresivo, sugerente, espectacular, capaz de seducir al espectador.

El viaje a la luna se considera quizá el máximo ejemplo de ello. Filmada en Francia en 1902, con un metraje de 14 minutos, Mèliés realizó en ella las labores de dirección, producción, diseños, efectos especiales y guión según las novelas De la Tierra a la Luna de Jules Verne y Los primeros hombres en la Luna de H. G. Wells. El fragmento que vemos, tomado de Youtube, tiene como fondo musical el tema Kalender del grupo austríaco "Attwenger".

VIDEO: Le voyage dans la Lune.Youtube