
Madrid, 11-1-2010



Non, Je ne Regrette Rien. Letra: Michel Vaucaire. Música: Charles Dumont. Interpréte: Edith Piaf, 1962 (Youtube)

Dos de esos cuentos tienen como escenario una peluquería y, precisamente, ante mi curiosidad (por no decir inquietud), me comentaban Luzmaría y Marta que nada más lejos de la realidad el pensar que, al tratarse de un premio de narrativa escrita por mujeres, dicha ambientación sea el motivo por el que los mismos han resultado elegidos. Ellas reivindican la categoría de narrativa de mujeres, por llamarla de algún modo, dentro de la literatura; una categoría que, dicen, a diferencia de otros países, en España cuando se menciona siempre va acompañada de la connotación y la oblicua sombra de los eternos temas femeninos, idea errónea que las editoras de Torremozas entienden debe desterrarse.
Al margen de categorías literarias o no (que no comparto del todo deban existir), algo probablemente sepan ellas de esto, de la neutralidad o la universalidad o, puestos, el hermafroditismo de la literatura actual escrita por mujeres, ya que llevan más de veinte años publicándola, especialmente poesía, y convocando el Premio Ana María Matute de Narrativa de mujeres. Para ejemplo, valgan quizá estos siete relatos que conforman Senderos sobre el abismo (Nietzsche enajenado), de la colección Ellas También Cuentan (ETC).
Enhorabuena a las autoras y gracias a las editoras por su estupendo trabajo y sobre todo su cercanía.


VIDEO YOUTUBE: http://www.youtube.com/watch?v=VWQU1nP61Ms

Pinto la silueta de una princesa, de una normal y corriente, con el busto estilizado de una modelo y cara infantil, como las que hice para Cuentos de hadas favoritos. Antes me indignaban, las historias nunca revelaban las cosas esenciales sobre ellas, como lo que comían o si sus torres y mazmorras tenían cuartos de baño, era como si sus cuerpos fueran puro aire. No era la capacidad de Peter Pan para volar lo que lo hacía parecer increíble a mis ojos, era la falta de un retrete junto a su refugio subterráneo.
Margaret Atwood, Resurgir

Poco después asistí a uno de sus recitales-exposiciones-proyecciones, que no sé bien cuál es el término acertado para referirse a un espectáculo en el que se combinan la poesía, la imagen y el sonido. Solo sé que me gustó mucho.
Nadie mejor que él para aproximarnos a su obra, y así lo hacía al presentar su espectáculo poético en el Centro Cultural Blas de Otero de San Sebastián de los Reyes:
Chus Arellano ha participado en la realización de Clave, Diccionario del Español Urgente (Agencia EFE) y de REDES, Diccionario Combinatorio del Español Actual (dirigido por Ignacio Bosque), y su poesía se ha publicado en diversas antologías.
Os dejo con algunos de sus poemas, donde la palabra disfruta de un doble protagonismo, como herramienta de expresión y como objeto poético. Espero que os gusten.

Fuera ese o no el momento en el que descubrió que los objetos poseen la cualidad de poderse desdoblar y adquirir una dimensión más allá de aquello para lo que sirven, lo que Chema Madoz subraya es la importancia que para él tiene aprovechar esa posibilidad para conseguir imágenes potentes, que se muevan en la indefinición, en la incertidumbre, da igual cual sea su metáfora.

Por eso, explica, él prescinde de asignar títulos a sus fotografías, para no correr el riesgo de acotar sus posibilidades semánticas con encabezamientos quizá no suficientemente acertados. Dice sentir mayor confianza en la sutileza que puede lograr con la imagen que con la palabra, y que el título es un elemento más de la obra, algo que hay saber manejar con inteligencia para que contribuya al desconcierto significativo que, en su caso, él pretende generar con la imagen.








Video de Youtube
Es bueno, obediente y muy educado, pero él quiere ser como Vincent Price, su ídolo soñado.
No le importa vivir con su perro, su gato y su hermana, aunque preferiría compartir casa con murciélagos y arañas.
Allí jugaría con los horrores que ha inventado y vagaría por los oscuros pasillos, solo y atormentado.
Cuando viene su tía, Vincent parece un cielo. Pero se imagina sumergiéndola en cera hirviendo para su museo.
Hace experimentos con su perro, Abocrombiecon el fin de crear un horrible zombi. Con ese espectro terrorífico para los hombres, buscaría sus víctimas por la niebla de Londres.
Pero él no solo piensa en crímenes violentos, Vincent pinta, y de vez en cuando lee cuentos. Mientras otros niños leen tebeos de acción a Vincent es Edgar Allan Poe quien llama su atención.
Una noche, cuando leía una historia horripilante, algo le hizo palidecer al instante.
Con tamaño disgusto su vida quedó derrumbada, pues su bella esposa viva fue enterrada. Debía cerciorarse de que había muerto, e intentando desenterrarla destrozó las flores del huerto.
Su madre lo envió a su cuarto como castigo, desterrado en sus sueños a la torre del olvido.
Sentenciado a pasar el resto de su vidacon el retrato de su amada que fue enterrada viva. Y mientras lloraba sumido en la desesperación, apareció su madre en la habitación. Le dijo: "Si quieres puedes salir a jugar. Hace un día estupendo, lo puedes aprovechar."
Vincent trató de hablar pero no pudo, los años de aislamiento lo volvieron casi mudo. Así que cogió su pluma y se puso a escribir: "Estoy poseído por esta casa, nunca volveré a salir."S
Su madre le contestó: "Ni estás poseído ni estás medio muerto, este juego tuyo es solo un invento. Eres Vincent Malloy, no eres Vincent Price y no estás loco ni atormentado, ¡caray!Tienes siete años y eres mi hijo, vete a jugar con otros niños, ¡te lo exijo!"
Y tras este toque de atención abandonó la habitación. Pero cuando Vincent trató de sobreponerse las paredes empezaron a moverse. Crujían, temblaban y su horrible locura la cima alcanzaba.
Vio a Abocrombie, su terrible esclavo, y su mujer lo llamaba desde el otro lado. De la tumba nacían sus ecos y de las paredes surgían manos de esqueletos.
Todas las desgracias que sus sueños atormentaban entraron en su vida mientras él gritaba.
Trató de escapar, de huir del horror, pero su mustio cuerpo se derrumbó por el dolor. Y débilmente, casi sin voz, recitó El Cuervo de Edgar Allan Poe:
"Y mi alma, de esa sombra, que allí flota fantasmal,
no se alzará?...
Nunca más."

